lunes, 15 de febrero de 2010

Perspectivas de la exploración tripulada tras el fin del Constellation

El 1 de Febrero se presentó el presupuesto con el que la NASA debería regirse en el año 2011 con la mirada puesta a años venideros y que borraba de un plumazo los planes de volver a la Luna diseñados en los últimos años. Era consecuencia inevitable de las voces que habían comenzado a surgir, allá por el mes de septiembre, cuando la Comisión Augustine (nombrada para analizar el futuro de la exploración espacial tripulada) planteó un negro panorama para el que iba a ser el sustituto del transbordador espacial.




Constellation nació en 2004 como el hijo deseado de un programa de vuelos tripulados que acababa de llevarse trágicamente con el Columbia, por segunda vez, la vida de 7 astronautas. La NASA quería así pasar esa luctuosa etapa, y de paso jubilar al transbordador que, aunque con innumerables éxitos, no había estado a la altura de lo que se esperó de él, un acceso sencillo y barato al espacio.

El primer fallo del proyecto Constellation fue primar la ambición sobre la concreción. Se pusieron unas metas espectaculares (“la Luna, Marte y más allá”), y para ello no se escatimaba en recursos: varios cohetes propulsores, y unas cápsulas Apolo remodeladas y con esteroides (Orión), como desde la agencia norteamericana se vendía a la opinión pública.


Se dice que quien olvida su historia está condenado a repetirla, en este caso se confirma el dicho ya que cuando los ingenieros de los años 60 desarrollaron el programa lunar Apolo se dieron cuenta que la mejor manera, más económica (dentro de lo disparatado de aquel presupuesto) y más eficaz era la que finalmente vio la luz: un solo cohete lanzador, un solo lanzamiento, en una palabra, reducción de las posibilidades de error al usar el menor número de elementos. Y es que los problemas de ingeniería relacionados con el Ares-I, que estaban disparando el coste del que debería ser el más sencillo de los lanzadores del programa, no presagiaban nada bueno para el resto de vehículos y vectores propuestos.

La decisión parece que ya no tiene vuelta atrás, así que solo nos queda ver hacia donde va el nuevo enfoque de la NASA, y este al parecer se sustenta en: investigación en nuevas tecnologías y propulsiones, misiones robóticas, dar paso a soluciones de lanzamiento comerciales, alargar la vida útil de la estación espacial internacional (ISS) y una serie de investigaciones relacionadas con energías verdes y estudio del cambio climático que siempre quedan bien en el argumentario político.

La investigación en nuevas tecnologías y nuevas formas de llevar humanos o carga al espacio no es nada nuevo, ya desde hace años se venía hablando del interés de la NASA por subir un motor VASIMR a la ISS para someterlo a pruebas a la vez que es usado para mantener la altitud de la estación. A estos ya conocidos intereses de la NASA se les suma el interés en técnicas de repostaje en órbita y acoplamiento automático.



Las misiones robóticas son siempre apuntarse a un carro ganador, prueba de ello han sido los rovers marcianos o la sonda Casinni que siguen tras varios años, y con pinta de durar algunos más, hablándonos de Marte y Saturno como si estuviéramos ahí. En los nuevos planes se habla de robots que envíen video en directo desde la Luna y encuentren formas de hacer explotaciones de los recursos minerales lunares.

En cuanto a las soluciones de lanzamiento comerciales, ya en 2006 surgió un proyecto del que poco se habló llamado COTS (Commercial Orbital Transportation Services) y ahora también el C3PO que buscaba en el sector privado nuevas soluciones para el transporte de carga y de tripulación a la Estación Espacial Internacional y que, si todo va bien, veremos demostraciones a lo largo del 2010, a este proyecto seguro se le sumarán algunos más para dar cabida a algún contratista perjudicado por la cancelación de Constellation.



En conclusión, parece que la NASA que tan acostumbrados nos tenía a soñar se ha despertado de sus propios sueños y se topa con la realidad, una realidad que pasará por reservar asientos en las Soyuz rusas y ver como China ocupa las parcelas de poderío espacial que hoy en día la NASA no sabe como ocupar.