martes, 14 de julio de 2009

Galileo observó pero no descubrió a Neptuno dos siglos antes de sudescubrimiento

En  realidad esta historia que cuento aquí es una vieja conocida de la Historia de la Astronomía pero aun así mucha gente desconoce esta anécdota.

En este Año Internacional de la Astronomía que se celebra en 2009 (4 siglos después de las primeras observaciones de Galileo a través de ese invento para unos español y para otros holandés llamado Telescopio) conviene recordar algunas de las muchas hazañas de Galileo como el espaldarazo que supusieron sus observaciones a las teorías heliocentristas (el sol como centro del sistema solar).

Ese espaldarazo vino de su seguimiento de Júpiter durante varios años, en concreto, 4 años después de sus primeras observaciones aun seguía investigando a Júpiter a través de su modesto telescopio y he aquí que entre diciembre de 1612 y enero de 1613 un insignificante punto pero perceptible desde su telescopio entró en el campo visual del telescopio que apuntaba a Júpiter.

Ese punto no era otro que Neptuno, el octavo planeta del sistema solar. En principio Galileo no prestó mayor atención a esa “estrella”, sin embargo en una de las observaciones Galileo tuvo la sensación que esa estrella se había movido respecto a otra que también aparecía en el campo visual (SAO119234) y le pareció curioso pero no indagó más en este tema dejándolo como mera anécdota.

Por tanto, la gloria de este descubrimiento se le escapó a Galileo y se retrasó dos siglos hasta que Urbain Le Verrier, John Couch Adams y Johann Galle co-descubrieron Neptuno, esta vez no como una estrella sino como un verdadero planeta del Sistema Solar.






Júpiter y Neptuno en el mismo campo visual en la madrugada del 6 de Enero de 1613