viernes, 4 de junio de 2004

Contaminación Lumínica



Ayer pude comprobar como la contaminación lumínica arrasa en nuestras ciudades. Fue de manera casual como todo en esta vida.

Acompañando a mi abuelo hacia su parcela en su huerta, esta huerta murciana tan apreciada y a la vez tan polémica, pensé que al estar en las afueras de una ciudad (no muy lejos, eso es cierto) algo de cielo más despejado podríamos disfrutar, con algo más de estrellas y cosas por el estilo, pero que va, nada parecido. La contaminación lumínica arrasa: a lo lejos dos focos similares a los de los estadios de futbol deslumbraban produciendo un halo que, curiosamente a las 23:00, osea noche cerrada, permitía que pudieramos seguir viendonos sin necesidad de linternas. En cuanto al halo que envolvía mi ciudad, Molina, de luz naranja desaprovechada, me daba por pensar que triste es que la gente de las ciudades no podamos ver el espectáculo de un cielo estrellado.

Pero algo había más preocupante en todo esto, a esas horas de la noche, los pajaros que debían estar descansando y habiendo sido relevados por los murciélagos aun seguían en plena efervescencia con sus graznidos, cantos y demás. Algo que en mi opinión debería ser preocupante.

A diferencia de la contaminación acústica o la atmosférica esta es una que pasa mucho más desapercibida para el gran público.

La contaminación lumínica proviene generalmente de la contaminación de nuestras ciudades

El exceso de luz no molesta de una forma tan inmediata como el de ruido, pero es evidente que resulta no sólo un derroche energético y económico, ya que se utiliza la mayor parte de la luz en iluminar lo no necesario, sino que también supone un atraso cultural ya que se oculta el firmamento a los que viven sumergidos en él como astrónomos y también es un perjuicio medioambiental ya que se desplaza a la fauna nocturna o se prescinde de ella. Además disminuye nuestra calidad de vida ya que al entrar continuamente durante la noche luz del exterior la calidad de nuestro descanso disminuye.